viernes, 13 de julio de 2007

EDUCACIÓN SEXUAL - MURIÓ EL REY. ¡VIVA EL REY!

Lo que voy a manifestar no tiene otro alcance que aportar un testimonio, muy personal, acerca del largo camino recorrido hacia la implantación de la educación sexual en los programas educativos de Uruguay.

En 1950, en el Liceo Departamental de Soriano, que en Mercedes ocupaba el edificio de la calle Roosevelt, entre 18 de Julio y Haedo, existía un núcleo fermental de estudiantes.
Nos agrupábamos en torno al Centro Universitario (C.U.M.).
Convergían allí inquietudes culturales y sociales de diverso tipo, los saberes adquiridos y muchas de sus interrogantes.

Me detendré, en concreto, en la relevancia que los cursos de Historia Natural (botánica y zoología), Anatomía y Fisiología Humanas, Biología e Higiene y Psicología tenían para nuestro despertar al mundo de las ciencias, sin desconocer la importancia de dábamos a otros campos.
Los profesores J. Correa, Z. Chelle, M. Larnaudi, López Todde, Razquin, Milans y otros nos suministraban las bases para un mayor entendimiento del cuerpo humano, de sus aparatos y funciones, así como del psiquismo. Accedíamos a la comprensión de las formas de reproducción de los vegetales y animales y, de modo menos específico, a la humana.

Muchos de nosotros advertíamos que el sexo debía ser explicitado, más la puerta estaba interdictada. Aquello no formaba parte de los programas.
Todo lo referente a la sexualidad estaba cubierto por un espeso tapiz. Seguramente no para aquellos esclarecidos docentes, a los que tanto debemos los de aquellas generaciones.
El sexo, que nunca dejó de practicarse era, en el discurso de algunas tendencias, algo cuasi-pecaminoso, digno de silenciamiento.

Pero allí, como en todas las historias de lo prohibido, estábamos los jóvenes lanzando preguntas para construir el mejor conocimiento. El diálogo y las lecturas eran buenas herramientas para orientar nuestras conductas. La familia, según la media social imperante, no operaba como una fuente esclarecedora.

La Biblioteca Municipal Eusebio Giménez -con su magnífico personal- y, la liceal (de formación tardía), nos proveían de determinadas informaciones, a lo que agregábamos las referencias que nos suministraban amigos mayores y los hallazgos propios, como los libros de Havelock Ellis o los del Dr. Van Der Velde, uno de cuyos tomos era un insulzo tratado acerca de El Matrimonio Perfecto...

Por fuera de la cátedra oficial, algunos jóvenes comenzamos a escuchar con atención las reflexiones del Dr. Alfredo Alambarri sobre la excelsitud de la maternidad, del amor y el sexo en la consolidación de la familia, de las interacciones entre la psicología y la pediatría moderna, de los estudios de Sigmund y Ana Freud sobre la naturaleza de los comportamientos, el desarrollo de la personalidad y el sexo.

Otro gran intelectual mercedario, Hugo Ibarburu, poseedor de una acendrada cultura, había leído de punta a punta la obra de Freud y en las tardecitas llegaba al mítico Café Sorocabana. Con Enrique Pedro Haba -después profesor de filosofía en universidades alemanas- nos allegábamos a su mesa. Desde allí sorbíamos sus conocimientos sobre el creador del psicoanálisis.
El gran maestro, en forma temprana, había sostenido que “el daño ocasionado por la omisión de la educación sexual reside en el hecho de que, para el resto de la vida, la sexualidad queda marcada con el sello de lo prohibido y que este mal sólo se puede contrarrestar si los niños reciben educación sexual”.

Gota a gota, adquirimos conocimientos extracurriculares. Nos hicimos mayores. Nos casamos, tuvimos hijos y la educación sexual siguió solitaria, condenada en la penumbra, fuera de la óptica de la educación formal en escuelas y liceos.

Transcurrieron más de cincuenta largos años de oscurantismo, de privación de la luz del conocimiento y de sepultamiento de un asunto crucial de la vida.

En 2007 la educación sexual será una materia más en la formación corriente de los educandos. No más tabúes, ni soslayamiento de un hecho natural inherente a la sociedad humana y a la constitución de la pareja.

En semanas podremos celebrar este demorado avance. Tras tanta espera, nada más justo, que repetir: “Murió el rey. ¡Viva el rey!”

Bienvenida la educación para el disfrute de la vida y la ruptura de un prejuicio tan consolidado, como dañino.

waltercelina1@hotmail.com

2 comentarios:

sofia_topo dijo...

Si la verdad que me parece una gran avance, esperemos sea bien aplicada y que tenga un efecto positivol.

saludos

kchorro oriental dijo...

Me parece que Haba no sólo fue profesor en alemania sino que su carrera se realizó en Costa Rica donde fue un gran catedrático y por el año 2000 se le negó el título honorífico de profesor emérito de la Universidad de ese país lo que se transformó en escándalo siendo reivindicado por grandes personalidad latinoamericanas