lunes, 5 de mayo de 2014

BANDERAS DE LA CLASE TRABAJADORA

Escribe Walter Ernesto Celina
06.05.2014

Primera Internacional
 Emblema del Consejo Federal de España de la AIT.

El 1º de Mayo no es una fecha cualquiera, aunque por desconocimiento existan personas que no adviertan su relevancia.
En las relaciones de trabajo el operario de una fábrica, el empleado de un comercio, el oficinista, el enfermero, el maestro, el peón  urbano o rural, el bancario, etc. tienen algo en común: su dependencia de sus respectivos empleadores. En un trazo grueso, puede afirmarse que pertenecen a una clase. La clase trabajadora tiene intereses generales propios, más allá de las  especificidades o particularidades de las distintas ocupaciones.
El desconocimiento total de los derechos de quienes brindaban su fuerza de trabajo en minas y centros fabriles de Europa; la insalubridad más absoluta de las condiciones de desempeño en los conglomerados laborales, así como jornadas de 14 y 16 horas, determinaban que niños, mujeres y hombres murieran a raudales.
Formas de organización secreta -como los gremios artesanales- se habían conocido en la sociedad medieval. Con el maquinismo y la industrialización y la nueva forma de producción animada por el incipiente capitalismo, los trabajadores se fueron agrupando en “uniones”. Surgían los sindicatos.
La Asociación Internacional de Trabajadores, conocida también como Primera Internacional de los Trabajadores, amanece en 1864 en Londres. En ella se registraron sindicalistas de Inglaterra, italianos republicanos, más socialistas y anarquistas de Francia.
Se trató del primer foro del trabajo de varias nacionalidades y contó con  el apoyo de Karl Marx, Friedrich Engels y Mijail Bakunin. Los dos primeros sustentaron la concepción del “socialismo científico”, cuyo gran resumen está dado por el denominado “Manifiesto Comunista” (1848). Bakunin propugnaba por el “anarquismo colectivista”.
En este momento Marx y Engels abogaron por la formación de partidos obreros en los distintos países y su mancomunidad; por un programa social reivindicativo mínimo de los obreros y por el posicionamiento de su clase en el poder. Se concebía la acción de los partidos bajo una operativa de centralidad. La corriente anarquista bregaba por una “federación social”, sin coerción estatal.
La entidad anticapitalista emigró de la casa londinense en 1872 para Nueva York, donde se disolvió en 1876.
La sucedió la 2da. Internacional (1889) y, a esta,  la 3ra. Internacional (1919). La escisión de la segunda se motivó en la adhesión de las corrientes socialistas que apoyaron a sus respectivos gobiernos, votando los créditos para participar en la 1ra. Guerra Mundial.
La tercera, encabezada por el líder soviético W. I. Lenin, estableció determinadas bases, conocidas por “las 21 condiciones”, tras las cuales se alinearon las formaciones comunistas de diversos países. Entre ellas, las del novel Partido Comunista de Uruguay. Resultó abolida en vísperas de la Conferencia de los Aliados (2da. Guerra Mundial), en Teherán, año 1943.
La pugna por mejores condiciones materiales de existencia de la clase laboral tiene aquel lejano origen. Su marcha histórica no ha transitado por lechos de rosas.
Las crudas represiones padecidas por los trabajadores del mundo han hecho que, por encima de enfoques sindicales diversos y de variantes ideológicas, cada 1ro. de Mayo se empine sobre la montaña del tiempo y en su cima ondeen las banderas de un tiempo nuevo, por bienestar, libertad y justicia.-

MARX Y ENGEL
ESTUDIABAN JUNTOS EN LA BIBLIOTECA DE LONDRES,
LA MAYOR DE LA ÉPOCA.


 FIN